La historia del tlacuache

Andrés Morales

Érase una vez un bosque donde vivían muchos animales. Todos los animales se respetaban unos a otros. Había dos tlacuaches hermanos que vivían en un tronco hueco. El hermano mayor era muy noble y cariñoso con todos los otros animales. El hermano menor solo pensaba en sí mismo.

Un día, después de un incendio en el bosque, no había nada de comida para muchos animales. El hermano mayor estaba preparado para un desastre, y había guardado mucha comida seca en un hoyo a salvo del fuego. Así que compartió toda su comida guardada con los otros animales, hasta que no le quedó nada.

El hermano menor estaba enojado. Le dijo a su hermano:

—¡Podríamos comer toda esa comida solo nosotros dos por meses! Ahora necesitamos viajar muy lejos para encontrar más comida.

—Nuestro bosque todavía tiene comida, solo necesitamos trabajar más duro.

Pero el hermano menor no le escuchó, y empezó a salir del bosque. El hermano mayor no quería que su hermano viajara solo, entonces fue con él. Los tlacuaches caminaron lejos para buscar más comida.

Fuera del bosque, encontraron en su camino un arbusto con moras de un color muy oscuro pero brillantes. El hermano mayor las probó, y se desmayó inmediatamente. El hermano menor pensó que su hermano estaba muerto, lloró, y después encontró un hoyo, y enterró a su hermano, lo cubrió con tierra, y durmió allí al lado de la tumba.

Cuando despertó, un zopilote muy grande estaba allí y dijo:

—Huelo a otro como tú en la tierra.

—Sí, mi hermano murió después de comer estas moras.

—Esas moras son mágicas y muy poderosas. Cuando las comes, te desmayas, y pareces muerto pero despiertas en poco tiempo. Pero ahora tu hermano está muerto porque lo enterraste. No toques esas moras y regresa a tu hogar.

El tlacuache lloró otra vez y regresó a su hogar.

En los siguientes días, el tlacuache vio a los otros animales descansando y comiendo la comida que su hermano había compartido. Entonces sintió celos, y fue al arbusto de las moras mágicas, y tomó una rama con moras con su cola.

Cuando regresó al bosque con la rama, el tlacuache encontró un pizote que todavía tenía comida del hermano mayor. El tlacuache tomó una mora de la rama con la mano, y se la ofreció al pizote. El pizote la tomó, comió, y se desmayó. Entonces el tlacuache robó la comida del pizote.

El tlacuache siguió caminando en el bosque, encontrando animales, engañándolos y robando su comida de la misma manera, hasta que la rama quedó sin moras.

Después de todo esto, el tlacuache regresó a su tronco hueco con toda la comida y descansó. Cuando los otros animales despertaron, se reunieron y hablaron de cómo el tlacuache los había engañado. Fueron al zopilote y explicaron todo.

El zopilote se enojó, y visitó al tlacuache en su tronco hueco, y pronunció una maldición:

—Tus manos todavía están sucias con el jugo de moras y la tierra de la tumba de tu hermano. Ahora permanecerán sucias para que todos las vean. Engañaste a otros animales con las moras que te dije que no tocaras. Ahora te vas a desmayar en los peores momentos, como los animales a los que engañaste con las moras, tú y tus hijos. Además, para ti y solo para ti, nunca podrás morir de verdad. Vas a vivir la vida eterna en esta tierra, y nunca vas a reunirte con tu hermano en el otro mundo.

—¡Pero eso es muy cruel!

—Puedes romper esta maldición de una manera. Si cambias tu forma de ser y vives toda tu vida ayudando a todos los otros animales, y si alcanzas la nobleza de tu hermano en muchos años, entonces podrás morir finalmente y ver a tu hermano otra vez.

—Extraño mucho a mi hermano. Entiendo tu trato, pero los otros animales no confían en mí y no van a aceptar mi ayuda, entonces va a tardar mucho.

El zopilote se fue volando, dejando al tlacuache en silencio.

Hasta el día de hoy, todos los tlacuaches se desmayan en los peores momentos. Algunos animales dicen que a veces cuando despiertan, aparece comida por arte de magia, y a veces ven una criatura con las manos negras huyendo hacia los arbustos.